Incomunicación

Cuando existe un deterioro de la comunicación, suele ocurrir que entre la intención del que envía un mensaje y la interpretación del que lo recibe, media un abismo. Es entonces cuando hablamos del “diálogo de besugos”, o de la comunicación ineficaz, para emplear términos más técnicos.

Lo más frecuente es que el mensaje se envíe de forma incorrecta e inoperativa, lo que hace que realmente el mensaje sea imposible de traducir de acuerdo con la intención del que lo envió. Pero también puede darse el caso de que el receptor interprete los mensajes de forma sistemáticamente destructiva.

Entre un EMISOR (el que envía el mensaje) y un RECEPTOR (el que lo recibe), hay un MENSAJE que tiene un CONTENIDO (lo que se quiere decir) y una FORMA (cómo lo dice).

El EMISOR envía un mensaje con un OBJETIVO (con una INTENCIÓN). El RECEPTOR INTERPRETA ese mensaje en función de dicho contenido y dicha forma:

Supongamos que un emisor cuyo mensaje tiene como objetivo que el otro vaya a hacer la compra al supermercado (su intención es correcta) pueda alterar la armonía conyugal, originando una pequeña discusión al distorsionar el objetivo:

– “¡Ve a comprar la comida!” (La intención según la forma empleada parece ser la de ORDENAR.)

– “Si no vas ahora, el sábado no salimos” (CHANTAJE).

– “Es tu responsabilidad, por tanto, haz el favor de ir a comprar comida” (MORALIZAR).

– “Si no estuvieras pendiente sólo de lo tuyo, deberías darte por enterado de que debemos hacer la compra” (CRITICAR).

– “¿Vas a hacer la compra o eres una de esas personitas que no quieren hacer nada?” (RIDICULIZAR).

– “No vas a comprar porque estás vengándote por lo de ayer” (DESTRUCTIVO).

– “¡Eres un inútil, no sirves ni para ir a comprar!” (DESPRECIAR).

Todos ellos son ejemplos de Mensajes destructivos, formas erróneas de enviar un mensaje que probablemente no sólo no conseguirán que el cónyuge les haga este favor, sino que además provocarán enfado.

La primera ley de la comunicación es tener muy claro el objetivo antes de empezar a hablar. Por ello es importante atender a la forma con la que hablamos, de tal manera que nuestra intención no pueda ser deformada; siguiendo el ejemplo, una forma correcta y agradable de pedir que vaya a comprar comida al supermercado sería:

“Cariño, si no estás ocupado, ¿podrías ir a comprar al supermercado?”

Así comunicamos lo que deseamos y probablemente consigamos que vaya a comprar, ya que nuestro cónyuge no se molestará dada la forma agradable de la petición.

En otras ocasiones el origen de una mala comunicación puede residir en el receptor, ya sea porque la forma del mensaje no es totalmente correcta, ya sea porque se trata de una personalidad muy sensible, los mensajes entonces pueden traducirse de forma destructiva.

Veamos un ejemplo:

EMISOR:

“Hoy has venido pronto.” (La comunicación verbal es correcta.)

RECEPTOR:

“Quieres decir que los otros días vengo tarde, ¿no?”

“No te molestes, sé perfectamente que es tarde para lo que querrías.”

“¡Claro, si no, ya sé qué caras me toca aguantar!”

Éste sería un ejemplo de interpretación tergiversada. El receptor sospecha de la intención del emisor y reacciona como si éste fuera a criticarlo. Si partimos del hecho de que están ustedes leyendo este apartado, es probablemente porque desean mejorar su comunicación. Por ello les aconsejamos:

– Cuando se dirijan a su pareja, es decir, cuando actúen como emisor, cuiden el contenido y la forma de su mensaje de manera que no dé lugar a errores de interpretación (eviten las formas destructivas).

– Cuando escuchen a su pareja, es decir, cuando actúen como receptores, intenten no mostrarse suspicaces ni adivinar. Aun cuando la forma no sea del todo correcta, piensen que lo más importante es mantener la armonía conyugal; una interpretación tergiversada sólo traerá malestar.

Estos dos objetivos, que parecen simples y de sentido común, son suficientemente importantes. Si ustedes no tienen como objetivo principal llegar a tener una comunicación sana, lo que implica pensar en los sentimientos de su cónyuge al hablar, de nada servirán los consejos.

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